Del Anas al Bétis
Del Anas al Bétis

Del Anas al Bétis

Estrabón (Geografía)

Extraído de: Registros de paleotsunamis en las costas del litoral atlántico de la provincia de Huelva: antecedentes del maremoto de 1755
Joaquín Rodríguez Vidal
Departamento de Ciencias de la Tierra Universidad de Huelva

Allí, en distintos puntos, avanzan hacia el interior desde el mar unas depresiones semejantes a cañones de mediana profundidad o a lechos de ríos que se prolongan muchos estadios. Las subidas de nivel del mar durante las pleamares las anegan, de forma que no son menos remontables que los ríos, sino incluso mejor. Pues la navegación se parece aquí a la que se practica en los descensos fluviales, al no haber ningún obstáculo de frente y empujar además de popa el mar, por la subida de la marea, igual que la corriente de un río. Allí tienen más amplitud las mareas que en otros lugares, porque el mar, constreñido desde un gran océano hacia el breve estrecho que forma Maurusia con Iberia, se regolfa y se precipita sobre las partes de la tierra que ceden fácilmente ante él.
Algunas de estas depresiones se vacían durante las bajamares, a otras no las abandona del todo el agua y otras, en fin, configuran islas en su seno. Tales son, pues, los esteros entre el Promontorio Sagrado y las Columnas, que tienen una subida de nivel más pronunciada que la de otros sitios. Una crecida semejante ofrece también una ventaja para las necesidades de los navegantes, y es que hace a los esteros mayores y más numerosos, navegables muchas veces incluso cuatrocientos estadios, de manera que, en cierto modo, deja toda la tierra navegable y expedita para las exportaciones e importaciones de mercancías. Pero tiene también un inconveniente, porque la navegación fluvial, a causa del ímpetu de la pleamar, que empuja muy fuertemente en sentido contrario a la corriente de los ríos, comporta un riesgo no pequeño para las embarcaciones, tanto si van en dirección al mar como si van tierra adentro.
Por otra parte, los reflujos en los esteros son peligrosos, porque también ellos se acentúan proporcionalmente a las subidas de la marea y, debido a su rapidez, han varado en seco muchas veces una nave. Y los rebaños que cruzaban en dirección a las islas de frente a la desembocadura de los ríos o de los esteros, unas veces fueron tragados por el agua y otras quedaron aislados y, obligados a regresar, no fueron capaces y perecieron. Y se dice que las vacas, que tienen observada esta circunstancia, esperan la retirada del mar y entonces regresan a tierra firme.

5 Los canales y la navegación en el Mediterráneo

Así pues, habiendo observado ios habitantes la naturaleza del lugar y que los esteros podían aprovecharse con la misma finalidad que los ríos, fundaron en sus orillas, como en las de los ríos, ciudades poderosas y otros asentamientos. Entre ellas se cuentan Asta, Nabrisa, Onoba, Osonoba, Menoba y otras muchas. Además en algunos lugares se han abierto canales en vista de que el comercio, tanto el interior como el exterior, se efectúa entre muchos puntos. Contribuyen igualmente a la navegación sus confluencias interiores, con ocasión de las altísimas mareas que se derraman sobre los istmos que separan los cauces y los tornan navegables, de modo que puede pasarse de ios ríos a los esteros y de éstos a aquéllos. El comercio marítimo se efectúa en su totalidad con Italia y Roma, con una buena travesía hasta las Columnas, excepto alguna dificultad en las cercanías del Estrecho, y una buena navegación de altura en el Mar Nuestro. Pues los recorridos, gracias a un clima
sereno, tienen un buen fin, sobre todo si son de altura; y esto representa una ventaja para los barcos mercantes.
Los vientos de alta mar soplan también con regularidad. Contamos además con la calma actual por haberse puesto fin a las piraterías , de forma que existen unas condiciones extremadamente favorables para los navegantes. Posidonio no obstante dice que advirtió algo singular en su
regreso desde Iberia, y es que por aquella parte del mar hasta el Golfo Sardo los euros soplaban como etesios y que por ello no desembarcó en Italia sino a duras penas a los tres meses, después de haber sido desviado de su ruta a las islas Gimnesias, a Sardón y a otras zonas de Libia frente a éstas.

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8 La minería. Obtención del oro

Pero, a pesar de estar dotada dicha reit gión de tantos bienes, no se maravillaría uno menos, sino todo lo contrario, al conocer la generosidad de sus minas; porque de ellas está repleta toda la tierra de los iberos, aunque no toda sea tan fértil y próspera, especialmente la que proporciona minerales. Raro es gozar de ambos recursos, pero raro es también que 1a misma tierra esté llena de minerales diversos en un territorio reducido.
La Turdetania y comarcas limítrofes no dejan, a los que

quieren ensalzarlas por sus bondades, palabras que las reflejen adecuadamente. Pues ni el oro, ni la plata, ni el cobre, ni el hierro, en ningún lugar de la tierra se ha comprobado hasta ahora que se produzcan en tan gran cantidad ni de tan alta calidad. El oro no se extrae sólo en las minas, también se recoge en los cursos de agua. Los ríos y torrentes arrastran la arena aurífera, que se da en muchos lugares incluso en
sitios sin agua, pero mientras que en éstos es invisible, en los terrenos anegados el polvo de oro refulge. Y cubriendo los lugares secos con agua que acarrean, hacen brillar el polvo, y excavando pozos e ideando otras técnicas separan, mediante lavado, de la arena el oro, e incluso más
numerosos que las minas de este metal son hoy los llamados lavaderos de oro.

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